“Sonríe a la vida”

Con dinamismo, alegría y cariño viviremos el objetivo de este nuevo curso que comienza.

Y la llamada viene de todas las personas que formamos la comunidad educativa, niños pequeños y mayores, profesores, padres… es lo que intentan expresar las distintas manos, de distintas formas y tamaños. Y todas llevan, de distinto color y diseño, un dibujo que nos habla de alegría y de la fuerza del amor. Ese amor que, como nos decía María Ana, va siempre unido al sacrificio, pero que nace de la alegría y produce alegría. Esa sonrisa tímida o decidida, esos corazones de colores brillantes que no pasan desapercibidos. Y es que todos tenemos la experiencia de que hacer el bien, entregar lo mejor de nosotros mismos a los que se ama, aunque de momento nos exija sacrificio, nos llena de alegría. 

 

Las situaciones de hambre, venganza, odio, guerra, injusticia, que encontramos en nuestro mundo tienen respuestas: compartir, perdonar, amar, paz y solidaridad.

 

La vida es un don para: recibir, no nos damos la vida solos, la recibimos. Tampoco la conquistamos, ni la merecemos, ni la compramos: la recibimos. La vida es un don para cuidar, un don valioso, frágil para cuidar, y que pasa por etapas en las que se ve amenazada. También, un don para entrenar al mismo tiempo. “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. La vida es un don para compartir, se acrecienta y se disfruta dándola, compartiéndola y se debilita en el aislamiento. La vida es además, un don para compartir, que solo alcanza su pleno sentido cuando se desarrolla en comunión. La vida es un don para administrar, por lo que es indispensable la formación de los niños y jóvenes, varones y mujeres, para la vida familiar estable y el ejercicio de una paternidad y maternidad responsable y generosa.

 

La vida es, antes y después, un don para contemplar. Esto lo presentimos cuando va pasando el tiempo y la función del recuerdo se desarrolla de un modo muy vívido. Las personas mayores suelen verse contemplando su propia historia desde una perspectiva diferente. Esta actitud contemplativa nos induce

 

también a la admiración hacia el milagro de la vida y a honrarla allí donde se manifiesta, con especial atención a las situaciones de amenaza o fragilidad.